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Azufre - Día 1 - Trono de Aries

  • Mati
  • hace 1 hora
  • 2 min de lectura

Recordamos en la Mesa Redonda.

El círculo se activa y la consciencia toma forma compartida. Doce posiciones rodean el centro y sostienen una geometría viva. Aquí se establece una orden natural: una alianza de percepción que abre un nuevo estado de consciencia. Los arquetipos del ser se disponen para recalibrar el origen de la piedra filosofal, aquella que alinea mente, corazón y acción para manifestar el cielo en la tierra.


En el centro del círculo, Excalibur define el eje y marca el norte. Durante este ciclo, su forma se expresa como Azufre. Esa es la sustancia que ordenamos. La decimosexta partícula de la piedra se presenta como piedra que arde, lista para ser observada y ajustada desde los distintos puntos de vista que ofrece la rueda de los doce.


Hoy compartimos el punto de vista del inicio. El trono de Aries abre la secuencia y orienta la mirada hacia la ignición espontánea del azufre elemental. Desde este asiento, el Azufre se revela como el elemento que arde por sí mismo al alcanzar los 232 grados Celsius de autoignición, como el átomo que al contacto con oxígeno inicia combustión con llama azul pálida sin necesidad de chispa externa. Cada molécula de S₈ expuesta al aire caliente comienza a arder directamente. Cada combustión libera dióxido de azufre como gas denso y corrosivo. Cada llama se vuelve ceremonia inaugural de la sustancia que los antiguos llamaban brimstone, la piedra que se consume a sí misma.


El Azufre habita la capacidad de iniciar fuego desde su propia naturaleza, el impulso que alcanza autoignición sin catalizador externo, la fuerza que genera llama azulada y olor penetrante como signo de su transformación. Al ser observado desde el trono de Aries, la piedra que arde encuentra iniciativa autoencendida, fuerza de combustión autónoma y capacidad de iniciar transformación desde su propio ser. La autoignición se vuelve acto inaugural independiente. El elemento sulfurado se organiza como impulso de fuego autocontenido. Excalibur calibra la partícula cuando mente, emoción y cuerpo se alinean en un mismo eje de ignición autónoma.


Una vela se enciende frente a ti como reflejo del centro. Su llama revela el estado de la piedra que arde interna y acompaña el ajuste fino de la partícula. Al sostener la mirada, el impulso autoencendido se aclara y la primera cara de la piedra filosofal se pule. El Azufre queda activado. La rueda inicia su giro consciente.



Así pues, hoy realizamos esta tarea:


Mente — Enfoque

Sostén internamente una sola afirmación durante toda la práctica:

"Estoy encendiendo el fuego desde mi propio ser."

Permite que la mente permanezca autónoma y ardiente en este punto.


Emoción — Limpieza con la vela

Coloca una vela encendida frente a ti.

Obsérvala en silencio durante al menos tres respiraciones completas.

Deja que la llama disuelva emociones asociadas a la dependencia de ignición externa: esperar que otros enciendan, negación del fuego propio, miedo a la autoignición.

La emoción se ordena por autonomía.


Acción — Integración en el cuerpo

Sirve un vaso de agua.

Sostén el vaso entre tus manos y pronuncia:

"Yo soy Azufre."

Repítelo tres veces, con consciencia.

Bebe el agua lentamente, integrando la autoignición en tu cuerpo.



Sello alquímico


Yo soy el nuevo estado de consciencia.

Avra Kehdabra — creo en tanto hablo.

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