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Azufre - Día 5 — Trono de Leo

  • Mati
  • hace 1 hora
  • 3 min de lectura

Recordamos en la Mesa Redonda.

El círculo se activa y la consciencia toma forma compartida. Doce posiciones rodean el centro y sostienen una geometría viva. Aquí se establece una orden natural: una alianza de percepción que abre un nuevo estado de consciencia. Los arquetipos del ser se disponen para recalibrar el origen de la piedra filosofal, aquella que alinea mente, corazón y acción para manifestar el cielo en la tierra.


En el centro del círculo, Excalibur define el eje y marca el norte. Durante este ciclo, su forma se expresa como Azufre. Esa es la sustancia que ordenamos. La decimosexta partícula de la piedra se presenta como piedra que arde, lista para ser observada y ajustada desde los distintos puntos de vista que ofrece la rueda de los doce.


Hoy compartimos el punto de vista de la manifestación. El trono de Leo abre la quinta posición y orienta la mirada hacia los alótropos del azufre y su color amarillo brillante. Desde este asiento, el Azufre se revela como el elemento no metálico cuyo color amarillo intenso y brillo resinoso cautivaron a alquimistas durante milenios, como el átomo que al cristalizarse forma anillos S₈ en forma de corona con geometría que ningún otro elemento no metálico iguala. Lo que se autoencendió, se mineralizó, transmitió información biogeoquímica y protegió arquitectura proteica, ahora encuentra expresión visible a través de sus múltiples formas cristalinas. El azufre rómbico, estable bajo 96 grados Celsius, forma cristales amarillos translúcidos. El azufre monoclínico, presente entre 96 y 119 grados, adopta forma de agujas. El azufre plástico, generado al enfriar el azufre líquido, se estira en cadenas amorfas.


El Azufre habita las vitrinas históricas donde cristales amarillos eran custodiados como materia filosófica, la paleta cromática que abarca desde el amarillo limón hasta el naranja dorado, la geometría cíclica donde ocho átomos forman coronas moleculares únicas entre los no metales. Al ser observado desde el trono de Leo, la piedra que arde encuentra expresividad cromática única, capacidad de mostrarse en múltiples formas cristalinas y poder de crear presencia mediante geometría octogonal visible. La autoignición se vuelve arte de color amarillo. El fuego propio se organiza como espectáculo alotrópico. Excalibur calibra la partícula cuando mente, emoción y cuerpo se alinean en un mismo eje de expresión resinosa.


Una vela se enciende frente a ti como reflejo del centro. Su llama revela el estado de la piedra que arde interna y acompaña el ajuste fino de la partícula. Al sostener la mirada, la expresión se ordena y la quinta cara de la piedra filosofal se pule. El Azufre queda irradiado. La rueda continúa su giro consciente.



Así pues, hoy realizamos esta tarea:


Mente — Enfoque

Sostén internamente una sola afirmación durante toda la práctica:

"Estoy expresando mi color amarillo único desde mi propio ser."

Permite que la mente permanezca luminosa y autocontenida en este punto.


Emoción — Limpieza con la vela

Coloca una vela encendida frente a ti.

Obsérvala en silencio durante al menos tres respiraciones completas.

Deja que la llama disuelva emociones asociadas a ocultar tu verdadera naturaleza:vergüenza del color propio, miedo a ser visible y rechazo a brillar.

La emoción se ordena por expresión cromática.


Acción — Integración en el cuerpo

Sirve un vaso de agua.

Sostén el vaso entre tus manos y pronuncia:

"Yo soy Azufre que brilla."

Repítelo tres veces, con consciencia.

Bebe el agua lentamente, integrando los alótropos en tu cuerpo.



Sello alquímico


Yo soy el nuevo estado de consciencia.

Avra Kehdabra — creo en tanto hablo.

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