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Mati aquí en el Altar

  • Mati
  • 10 ene
  • 4 Min. de lectura

El altar y la mesa del origen


Toda transformación necesita un lugar donde suceder.


No porque el universo lo exija, sino porque la conciencia lo reconoce.

Nada verdaderamente profundo ocurre en el desorden absoluto. Incluso el caos, para revelarse, necesita un marco.


Por eso, desde tiempos antiguos, el ser humano creó altares.


Qué es un altar


Un altar no es un objeto.

Es una decisión espacial.


Es el acto de separar un fragmento del espacio cotidiano para mirarlo de otra manera. Elevarlo, no necesariamente en altura física, sino en intención. El altar marca un límite invisible: aquí se deja de reaccionar y se comienza a observar.


Las culturas antiguas construían altares en lo alto de montañas, en claros del bosque, en templos alineados con el cielo. No lo hacían para acercarse a los dioses, sino para limpiar el campo de visión.


Un templo no es un edificio.

Es un espacio despejado.


Cuando se limpiaba un terreno para crear un templo, lo primero que se hacía era retirar árboles, maleza, piedras. No para destruir la naturaleza, sino para abrir un claro. Ese claro permitía ver las estrellas, seguir los ciclos, comprender el orden del cielo.


Eso mismo es lo que necesitamos hacer hoy.


El templo interior


El cerebro humano es un lugar sagrado.

Pero casi nunca está despejado.


Vivimos con la mente saturada de ramas cruzadas: ideas heredadas, creencias repetidas, expectativas, miedos, narrativas ajenas. Un bosque tan denso que ya no permite que la luz atraviese.


Parte de la alquimia no consiste en aprender cosas nuevas, sino en limpiar el campo. Crear un espacio interior donde la conciencia pueda orientarse nuevamente por las estrellas.


Por eso las tradiciones antiguas utilizaban el fuego.


Quemaban la madera vieja, permitían que las cenizas nutrieran la tierra abierta. El fuego no destruía: transformaba. Eliminaba lo que bloqueaba la visión y fertilizaba el suelo para un nuevo orden.


Hoy realizamos el mismo gesto, pero con la atención.


La vela como Excalibur


Nuestro altar será simple.

Tan simple que pueda acompañarnos siempre.


La Mesa Redonda del Rey Arturo no es un mueble: es un símbolo de centro e igualdad. Nadie ocupa un lugar superior, porque el centro pertenece al origen.


En nuestro altar, Excalibur no será una espada de metal.

Será una pequeña vela.


La llama es un punto de contacto entre mundos. No pertenece completamente a la materia ni completamente al aire. Se mueve, vibra, consume y alumbra al mismo tiempo. La llama es el origen visible.


Esa vela, en el centro, representa a Excalibur anclada en la piedra: la conciencia enraizada en el cuerpo.


Los doce alrededor del fuego


Alrededor de la vela se colocan doce objetos.


Pueden ser doce, o veinticuatro si se desea representar por separado signos y chakras. El objeto no es lo esencial, sino la relación simbólica que se establece con él.


Cada objeto representa un signo del zodiaco y el chakra correspondiente. Puede ser una piedra, un cristal, una figura, un símbolo dibujado, un elemento natural. No se trata de estética, sino de resonancia.


Al disponerlos en círculo, se crea una imagen tangible del orden que se está calibrando. El cuerpo comprende imágenes antes que conceptos. La materia responde cuando se la organiza con intención.


Así se construye la Mesa Redonda.


El rito cotidiano


El ritual no necesita ser largo.

Necesita presencia.


Los momentos más propicios suelen ser simples:

al despertar, cuando la mente aún no se ha llenado de estímulos,

o antes de dormir, cuando el día comienza a decantar.


Te acercas al altar.

Enciendes la vela.

Pronuncias el mantra del elemento del día.


Luego llevas la atención al chakra correspondiente. Un gesto mínimo, una respiración consciente, un ajuste interno sutil. Nada forzado. Nada teatral.


Después, observas la llama.


La contemplación del fuego no es pasiva. Es un acto alquímico. La llama transforma lo que obstaculiza la visión interior. Consume, sin violencia, las capas que ya no son necesarias.


Mientras observas el fuego, intencionas:

que todo aquello que bloquea tu percepción clara del cosmos se transforme en luz.


Eso es suficiente.


Anclar la visión en la materia


Las leyes herméticas enseñan que el mundo externo refleja el mundo interno. Pero con menos frecuencia se dice lo inverso: el mundo interno también se ordena a través de estructuras externas.


Por eso el altar es importante.


No para modificar el mundo exterior,

sino para fortalecer el mundo interior.


Cuando una idea se ancla en la materia, se vuelve estable. La ceremonia no es una súplica al universo; es una reconfiguración de la conciencia.


Se crea un espacio para que la visión tenga dónde apoyarse.


El altar como compañero


El desafío no es hacerlo perfecto.

El desafío es sostenerlo.


Puede haber un altar en casa.

Puede existir uno pequeño para llevar consigo.

Puede recrearse mentalmente cuando no hay objetos disponibles.


Lo esencial es el gesto:

abrir un espacio, encender el fuego, ordenar el círculo.


Así, día tras día, el espacio se convierte en aliado del ritmo.

Y el ritmo, poco a poco, transforma el cerebro en templo.


Cuando el espacio está despejado,

la llama revela.


Y cuando la llama revela,

la alquimia ocurre sin esfuerzo.

Bienvenidos al Templo Alquímico.


16 comentarios


Marcelo Melendez
Marcelo Melendez
02 feb

🕯🌈✨

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ECUANIMIDADCOLECTIVA
12 ene

Pues increíble, Yo arme tal cual mi altar, mesa redonda sin darme cuenta. Lo comparto: tropecé un candelabro que tenía en una mesita de madera hindú, se me quebr´´o, menos la base, pero inclusive la base se le voló el platito, se despegó y se quebró también, pues encima le puse un cilindro plano de cuarzo, y por debajo una vela, se veía hermosa porque proyectaba luz y calor al cuarzo, después tomé una esfera de luna que tenía y la coloqué en el centro. Aproveche antes de irme a dormir la toqué y agradecí, luego me llega el video de Matías y lo veo con ese altar, me vino a la mente el mío, dije esto no es coincidenci…

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esruju
11 ene

Agradezco tu guia y enseñanza Mati.

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ana maria Henao
ana maria Henao
11 ene

Gracias Mati, gracias por tu tiempo y por darnos esta hermosa y necesaria tarea para empezar y sostenerla, me emociona! Te Amo!

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Jenny Moreno
Jenny Moreno
11 ene

Súper lista para comenzar!

Gracias Mati!

Yo soy Jenny Jota

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