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Mati aquĆ­ en Excalibur

  • Mati
  • hace 3 dĆ­as
  • 5 Min. de lectura

La Piedra Filosofal y el cuerpo del origen


Cuando hoy se menciona la Piedra Filosofal, la mayorƭa de las personas piensa inmediatamente en una historia moderna. La asocian a la magia, a la fantasƭa, a un objeto legendario que aparece en novelas o pelƭculas. Para muchos, la primera vez que escucharon ese nombre fue a travƩs de Harry Potter, donde la Piedra Filosofal aparece como un artefacto capaz de conceder vida eterna y transformar cualquier metal en oro.


Pero esa imagen —aunque poderosa— es apenas un eco tardĆ­o de algo mucho mĆ”s antiguo.


La Piedra Filosofal no nace en Inglaterra.

No nace en la literatura moderna.

No nace siquiera en la Edad Media.


La Piedra Filosofal es una idea que atraviesa toda la historia de la humanidad, porque en realidad no es una cosa: es una pregunta. Y tambiƩn es una respuesta.


Es la pregunta por cómo la conciencia se encarna en la materia.

Y la respuesta es el cuerpo.


QuƩ es realmente la Piedra Filosofal


Durante siglos, los alquimistas buscaron la Piedra Filosofal como si fuera un objeto externo. Algo que se podía fabricar, encontrar o poseer. Un secreto escondido en laboratorios, códices cifrados o fórmulas imposibles.


Muchos de ellos se equivocaron.


No porque la alquimia fuera falsa, sino porque confundieron el símbolo con el deseo. Creyeron que la transmutación consistía en controlar la materia, no en transformarse a uno mismo. Buscaron convertir plomo en oro para enriquecerse, dominar, extender poder sobre el mundo.


Eso no era alquimia.

Eso era quĆ­mica al servicio del ego.


Los verdaderos alquimistas sabĆ­an otra cosa. SabĆ­an que la Piedra Filosofal no se encuentra afuera, porque la Piedra Filosofal no busca ser una piedra. Busca hacer de uno mismo la piedra.


Filosofía y piedra: mente, corazón y cuerpo


La palabra filosofal no es casual.

Viene de philosophĆ­a: el amor por la sabidurĆ­a.


Pero la sabidurĆ­a no vive solo en la mente.

Si la filosofĆ­a fuera Ćŗnicamente pensamiento, la alquimia nunca habrĆ­a existido.


La clave estÔ en la unión de dos términos: filosofía y piedra.


La filosofía representa la mente y el corazón:

la comprensión, la visión, el sentido.


La piedra representa el cuerpo:

lo denso, lo estable, lo que sostiene.


La Piedra Filosofal es, entonces, la coherencia entre mente, emoción y acción.

Pensar, sentir y hacer alineados.

Conciencia encarnada.


Por eso todos los sabios de la antigüedad sabían que el objetivo no era fabricar una piedra luminosa, sino convertirse ellos mismos en ese estado de coherencia. Un cuerpo tan alineado con su conciencia que pudiera sostener la luz sin fragmentarse.


Excalibur: la espada y la piedra


En este punto aparece uno de los símbolos mÔs potentes de toda la tradición occidental: Excalibur.


Excalibur no es solo una espada.

Es un diagrama del ser humano alineado.


La espada clavada en la piedra representa exactamente el misterio de la Piedra Filosofal: solo quien estĆ” en su centro puede extraerla. No por fuerza, sino por coherencia.


Si observamos la espada como sĆ­mbolo del cuerpo, todo encaja.


El mango de la espada corresponde a la cabeza y al cuello.

La guarda —la parte horizontal que protege la mano— corresponde a los hombros y a los brazos, formando una cruz.

La hoja de la espada desciende desde el alto corazón hasta el chakra raíz, atravesando el eje central del cuerpo.


Y el punto exacto donde el mango se encuentra con la hoja —el centro de la espada— coincide con la garganta.


El verbo.


Excalibur es el sĆ­mbolo de un ser humano que ha alineado su eje interno y ha encontrado su poder creador en la palabra. No una palabra cualquiera, sino el verbo que crea realidad porque surge de un cuerpo coherente.


Por eso la espada no se levanta desde el mĆŗsculo, sino desde la verdad.


La gran alquimia del verbo


Esta misma alquimia aparece, con otros nombres, en distintas tradiciones. Una de las mÔs profundas ocurre en la historia de Jesús.


Cuando Jesús cambia el nombre de Simón por Petrus, no estÔ haciendo un gesto simbólico menor. EstÔ realizando una alquimia completa a través del verbo. Simón, el que duda, se convierte en piedra. No una piedra cualquiera, sino la piedra fundamental sobre la cual se erige una estructura.


La cruz —que no deja de ser una espada transformada— se posa sobre esa piedra. Verbo, cuerpo y sacrificio se alinean en un solo gesto.


Eso es alquimia.

No magia externa.

Transformación del ser a través de la palabra.


Y esa alquimia —mal comprendida o simplificada— fue una de las mĆ”s grandes que haya conocido la historia, porque reorganizó la conciencia de continentes enteros.


Espacio y tiempo: Piedra y Momentum


La alquimia del Momentum trabaja con el tiempo.

La alquimia de la Piedra Filosofal trabaja con el espacio.


Momentum recalibra la historia.

La Piedra Filosofal recalibra el cuerpo.


Juntas, constituyen el Opus Magnum completo.


Volver al origen en el tiempo no sirve si no hay un cuerpo capaz de sostener ese origen en el espacio. Por eso la Gran Obra no termina en un instante luminoso: necesita encarnarse.


Convertirse en la piedra: los 92 elementos


Nuestro trabajo no consiste en buscar la piedra.

Consiste en construirla.


Cada uno de los 92 elementos quĆ­micos es una expresión de cómo la conciencia se organiza en la materia. Cada elemento es una cualidad del cuerpo del universo… y del cuerpo humano.


Al recorrerlos uno por uno, no estamos estudiando química: estamos ensamblando la piedra dentro de nosotros. Integrando capa por capa, vibración por vibración, hasta que el cuerpo pueda sostener la conciencia sin fragmentarse.


Eso es convertirse en la Piedra Filosofal.


Arturo, el norte y los caballeros


La historia del rey Arturo no es una fƔbula medieval. Es un mapa.


Arturo deriva de Arktos, el oso. El norte. El polo. El punto fijo alrededor del cual giran las estrellas. Arturo es el centro que orienta.


Los doce caballeros de la mesa redonda no son personajes sueltos: son los doce arquetipos, las doce constelaciones, los doce movimientos de la conciencia alrededor del centro.


Cada doce dĆ­as, atravesamos uno de esos arquetipos.

Cada nodo de la Tierra es una piedra.

Cada piedra es un elemento alquĆ­mico.


Al recorrerlos, no estamos viajando para conquistar territorios, sino para recolocar la espada. Para devolver el norte a su lugar. Para convertirnos nosotros mismos en los nuevos caballeros, no de una mesa externa, sino de una conciencia circular.


La nueva Gran Obra


Nuestro objetivo no es repetir una historia antigua.

Es reactivarla.


Volvemos al origen a travƩs del Momentum.

Reconstruimos la Piedra Filosofal a travƩs del espacio.

Colocamos Excalibur donde corresponde: en el centro del ser, en el verbo consciente.


No para dominar el mundo, sino para habitarlo coherentemente.


Esa es la verdadera alquimia.

Ese es el Opus Magnum.


No crear oro.

Crear seres humanos capaces de sostener la luz.


Y convertirnos, finalmente, en la piedra que buscƔbamos.


Bienvenidos a la Piedra Filosofal

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