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Mati aquí en el Estado

  • Mati
  • 4 ene
  • 8 Min. de lectura

Muchas veces escuchamos frases como "¿en qué estado te encuentras?", "estado mental", "estado de ánimo", "estado nacional". Usamos la palabra constantemente. Pero pocas veces nos detenemos a comprender realmente qué es un estado.


Etimológicamente, la palabra "estado" viene del latín status, que significa "manera de estar", "posición", "condición". Y status viene del verbo stare, que significa "estar de pie", "permanecer", "sostenerse".


Un estado, entonces, es la forma en que algo se sostiene. La manera en que algo está. La condición desde la cual algo existe.


Y aquí está la clave: un estado no es algo fijo. Es una configuración. Un punto de equilibrio. Una forma específica que algo adopta en un momento dado.


El agua puede estar en estado líquido, sólido o gaseoso. El ser humano puede estar en un estado de consciencia específico. Y una sociedad puede organizarse en un estado con leyes, estructuras y formas de convivencia.


Pero todos estos estados tienen algo en común: son el reflejo de cómo se ordena la energía internamente.


El Estado del Ser


Un estado de consciencia es la forma en que el ser se sostiene a sí mismo. Es la configuración interna desde la cual percibe, siente y actúa.


Cuando la mente está ordenada, la emoción calibrada y la acción alineada, el ser entra en un estado de coherencia. Y desde esa coherencia, puede co-crear su realidad.


Pero cuando la mente está dispersa, la emoción agitada y la acción desconectada, el ser entra en un estado de confusión. Y desde esa confusión, solo puede reaccionar a lo que el mundo le presenta.


La diferencia entre ambos estados no es moral. No es que uno sea bueno y el otro malo. La diferencia es funcional: un estado permite crear, el otro solo permite sobrevivir.


Los Estados Reflejan El Estado del Ser


Ahora viene lo importante: lo que pasa dentro de cada persona, pasa también en lo colectivo.


Los estados que conocemos —países, naciones, territorios— son el reflejo externo del estado de consciencia colectivo de las personas que los habitan.


Sus leyes son el reflejo de cómo esa consciencia entiende el orden. Sus estructuras son el reflejo de cómo esa consciencia organiza el poder. Su economía es el reflejo de cómo esa consciencia valora el intercambio.


Todo estado nacional es la manifestación visible de un estado interno colectivo.


Por eso, cuando cambia el estado interno del ser, cambia el estado externo del mundo.


Y eso es exactamente lo que está pasando ahora.


El Estado Actual: Una Transición Crítica


La humanidad está atravesando una transición crítica.


En las últimas décadas hemos desarrollado tecnologías capaces de amplificar nuestras capacidades mentales, reorganizar la economía global, modificar la materia viva y expandir nuestra presencia más allá de la Tierra.


Tenemos inteligencia artificial que puede procesar información más rápido que cualquier cerebro humano. Tenemos redes de comunicación que conectan a miles de millones de personas instantáneamente. Tenemos la capacidad de editar genes, de crear vida sintética, de manipular la estructura misma de la materia.


Pero este avance externo no ha sido acompañado por una maduración equivalente de la consciencia.


La tecnología corre. La consciencia, en muchos casos, apenas camina.


Y este desajuste no es solo un tema filosófico. Es un riesgo evolutivo.


El Desajuste Tecnología-Consciencia


El problema es simple pero profundo: sin una brújula interior clara, toda herramienta que creamos puede amplificar tanto nuestra sabiduría como nuestras sombras.


La misma tecnología que puede conectar a la humanidad, puede fragmentarla. La misma herramienta que puede educar, puede manipular. El mismo sistema que puede liberar, puede esclavizar.


Y lo que estamos viendo ahora es exactamente eso: una humanidad con un poder tecnológico inmenso y una consciencia que no sabe cómo sostenerlo.


Tenemos la capacidad de comunicarnos instantáneamente con cualquier persona del planeta, pero cada vez nos sentimos más solos. Tenemos acceso a más información que nunca en la historia, pero cada vez estamos más confundidos. Tenemos más herramientas de conexión, pero cada vez estamos más desconectados de nosotros mismos.


¿Por qué?


Porque la tecnología amplifica el estado de consciencia desde el cual se usa.


Si se usa desde la coherencia, amplifica la coherencia. Si se usa desde la confusión, amplifica la confusión.


Y en este momento, la mayoría de la humanidad está usando tecnologías avanzadas desde un estado de consciencia confuso.


El Veneno de la Confusión


Existe un veneno en la consciencia humana. No es un veneno biológico. Es un veneno de percepción. Un error en el código de la mente que genera espejismos, confusión, dogmas rígidos, polarización y pérdida del eje.


Este veneno tiene muchas caras.


El veneno religioso: atrapa el pasado en una sola interpretación. Congela la mente en una única luz y la ciega al espectro completo. Convierte el misterio en dogma y el camino en control.


El veneno ideológico: divide la realidad en bandos irreconciliables. Bien contra mal. Nosotros contra ellos. Mi verdad contra tu mentira. Y en esa división, se pierde la capacidad de ver la totalidad.


El veneno tecnológico: satura el campo electromagnético, distorsiona la glándula pineal, desajusta la orientación del hierro en la sangre. El 5G, las redes de satélites, el ruido constante de señales que no son biológicas, todo eso está interfiriendo con la navegación natural del cuerpo humano.


Y el resultado es una humanidad desorientada. Sin eje. Sin rumbo. Sin capacidad de distinguir entre medicina y veneno. Entre coherencia y confusión. Entre creación y reacción.


¿En Qué Estado Nos Encontramos?


Esta es la pregunta fundamental.


Si somos honestos, la mayoría de nosotros estamos en un estado de supervivencia sofisticada. Tenemos casas, trabajos, tecnología, comodidades. Pero por dentro, seguimos reaccionando al mundo desde el miedo, la ansiedad, la necesidad de control, la competencia, la desconfianza.


Seguimos organizando nuestras vidas como si los recursos fueran limitados, como si el otro fuera una amenaza, como si la única forma de ganar fuera que alguien más pierda.


Y eso se refleja en los estados nacionales. En las estructuras de poder. En las economías. En las guerras. En las fronteras. En las leyes que separan, que controlan, que limitan.


Todo eso es el reflejo externo de un estado interno basado en la fragmentación.


Y mientras sigamos en ese estado, todas las tecnologías que creemos solo amplificarán esa fragmentación.


Qué Es Un Nuevo Estado de Consciencia


Un nuevo estado de consciencia no es una idea. No es una filosofía. No es un movimiento espiritual. No es una religión.


Es una experiencia. Es una forma de estar en el mundo.


Es el momento en que el ser humano integra el Yo (la experiencia individual, lo humano, lo condicionado) con el Soy (la visión universal, lo trascendente, lo que conecta con el todo).


Cuando el Yo y el Soy dialogan, surge un tercer punto. La mente universal. El tercer ojo. La capacidad de percibir la unidad dentro de la diversidad. De reconocer patrones. De encontrar sentido. De co-crear desde la coherencia.


Un nuevo estado de consciencia es:


Pasar de la reacción a la creación. Dejar de responder al mundo desde el miedo y empezar a responder desde la claridad. Dejar de sobrevivir y empezar a crear.


Pasar de la competencia a la colaboración. Entender que el recurso no es limitado cuando se comparte. Que la abundancia no viene de acumular, sino de circular. Que el otro no es una amenaza, sino un espejo.


Pasar de la fragmentación a la integración. Dejar de dividir la realidad en opuestos irreconciliables. Bien o mal. Luz u oscuridad. Ciencia o espiritualidad. Y empezar a integrar. A sostener la tensión creativa. A ver el espectro completo.


Pasar del control a la confianza. Dejar de intentar controlar todo y empezar a confiar en el proceso. Dejar de aferrarse y empezar a fluir. Dejar de resistir y empezar a navegar.


Ese es el nuevo estado.


Y ese estado no se aprende. Se activa. Se vive. Se sostiene.


Por Qué Es La Clave de Todo


Este nuevo estado de consciencia es la clave de todo lo que viene. Es el motor. El centro. La razón de ser de este proyecto.


Porque sin un nuevo estado de consciencia, todo lo demás es solo repetición. Más de lo mismo con diferentes nombres.


Podemos crear nuevas tecnologías, pero si las usamos desde el mismo estado de confusión, solo amplificarán la confusión.


Podemos crear nuevas organizaciones, pero si las estructuramos desde el mismo estado de fragmentación, solo reproducirán la fragmentación.


Podemos hablar de cambio, de evolución, de transformación, pero si seguimos operando desde el mismo estado interno, todo será solo cosmético.


El verdadero cambio solo puede venir de un cambio de estado.


Y para que ese cambio sea real, necesita sostenerse. Necesita manifestarse. Necesita volverse forma.


Cómo Se Sostiene Un Nuevo Estado


Un nuevo estado de consciencia necesita tres cosas para sostenerse:


Primero, narrativa. Las historias que ordenan la mente. Que explican de dónde venimos, qué se rompió, cómo se repara, hacia dónde vamos. La narrativa es la que abre posibilidades. La que rompe los espejismos. La que muestra que hay otras formas de percibir la realidad.


Segundo, experiencia. Los momentos donde el cuerpo, la emoción y la presencia se alinean. Donde la consciencia deja de ser una idea y se vuelve una forma de vivir. La experiencia es la que calibra. La que activa. La que hace que el cambio no sea solo mental, sino total.


Tercero, espacio. Los lugares físicos, las estructuras, los sistemas, las tecnologías que sostienen esa forma de vivir de manera estable. El espacio es lo que le da cuerpo a la consciencia. Es lo que permite que no sea solo una experiencia pasajera, sino una forma de vida.


Sin estos tres elementos, un nuevo estado de consciencia es solo una fantasía.


La Semilla del Estado


Y aquí viene la pregunta: ¿dónde se planta la semilla de un nuevo estado?


La respuesta está en el origen. En el lugar donde ya se hizo una vez. Donde ya se entendió que la consciencia puede transformar la materia. Que el espacio puede ordenar frecuencias. Que los templos pueden sostener estados de percepción.


Ese lugar es Egipto. Específicamente, el Nilo. Más específicamente, Aswan.


El Nilo: Donde Nace La Vida


El Nilo no es solo un río. Es la columna vertebral de una de las civilizaciones más antiguas del planeta. Es el lugar donde se entendió, por primera vez, que el agua es vida. Que el ciclo de las inundaciones es el ciclo de la muerte y el renacimiento. Que la tierra negra, el limo fértil, es el material con el cual se construye la civilización.


Por eso Egipto se llamaba Kemet. La Tierra Negra. Y de ahí viene la palabra alquimia: Al-Khem. La transformación de la materia.


La alquimia no es solo convertir metales en oro. Es convertir la materia en consciencia. Es elevar lo denso hacia lo sutil. Es transformar el barro en templo.


Y eso es exactamente lo que se hizo en Egipto hace miles de años. Se construyeron espacios que sostenían estados de consciencia. Se diseñaron geometrías que ordenaban frecuencias. Se crearon sistemas que permitían que la transformación interna se manifestara externamente.


Aswan: El Útero del Nilo


Aswan, en el sur de Egipto, es el punto donde nace el Nilo egipcio. Es el umbral. El portal. El útero donde el río que viene del corazón de África empieza a dar forma a la vida.


El Nilo Blanco y el Nilo Azul se unen en Sudán. Nubia y Kush son el vientre creador, el lugar donde se gestó el mestizaje cultural más antiguo de la humanidad. Y Aswan es el punto donde esa gestación se vuelve nacimiento.


Por eso Aswan es el lugar de la semilla. Del inicio. Del punto donde lo invisible se vuelve visible.


Por Qué Volver Al Origen


Volver a Aswan no es nostalgia. No es turismo espiritual. No es romanticismo histórico.


Es reconocimiento del patrón.


Es entender que si queremos plantar la semilla de un nuevo estado de consciencia, debemos plantarla en el útero. En el lugar donde la vida se gesta. En el punto donde ya se hizo una vez y se puede hacer de nuevo.


Aswan es ese punto.


Allí, en el sur de Egipto, en la orilla del Nilo, se plantará la primera semilla física de este nuevo estado. Un espacio donde la alquimia de la consciencia pueda manifestarse. Donde la transformación interna pueda sostenerse en el espacio externo. Donde la narrativa, la experiencia y el espacio se encuentren.


Porque todo estado necesita un territorio. Un punto de origen. Un lugar desde donde la forma de estar se despliega hacia el mundo.


Y ese lugar es Aswan.


Ese lugar es el corazón del Triángulo de Oro.


Bienvenidos al estado de la consciencia.


18 comentarios


ana maria Henao
ana maria Henao
09 feb

Gracias infinitas!!

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Marcelo Melendez
Marcelo Melendez
30 ene

gracias!! ✨

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Patricia Rios Maldonado
Patricia Rios Maldonado
11 ene

Estoy aquí porque quiero seguir aprehendiendo contigo y que mi confusión se aclare, que la coherencia permanezca para salir del estado de sobrevivencia y ser capaz de manifestar una realidad armónica y alegre. Muchas gracias Matty por estas líneas que revelan tanta verdad.

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Jose Bueno
Jose Bueno
07 ene

Encantado de participar en la creación de un nuevo estado!!! ♥️♥️♥️

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Sebastián Arriete
Sebastián Arriete
06 ene

Que postazo

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