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Mati aquĆ­ en la Mente

  • Mati
  • 31 dic 2025
  • 8 Min. de lectura

MatĆ­as Gustavo De Stefano Bide.

Ese es mi nombre. Y como todo en este universo, no es casualidad. Los nombres son códigos, semillas de consciencia plantadas en el momento exacto para germinar en el momento preciso.

Matías. Del hebreo Matityahu, "regalo de Dios" o "don de Yahveh". El que fue dado, el que llegó como presente. Gustavo. Del germÔnico Gustav, "el bastón de los dioses" o "el que sostiene el poder divino". El que apoya, el que sostiene estructuras. De Stefano. Del griego Stéphanos, "corona" o "coronado". El que porta la victoria, el que lleva el círculo sagrado sobre la cabeza. Bide. Del vasco, "camino" o "sendero". El que camina, el que traza rutas.

Regalo de Dios que sostiene el poder divino, coronado en el camino.

Ese es el código de mi nombre. La descripción etimológica de este yo que escribe, de este ego que se presenta ante ustedes.

EL DISEƑO DEL EGO

Y este yo tiene un diseño específico, una carta natal que lo define en el momento de su llegada a este plano. Sol en Leo, el corazón que irradia, el rey que crea desde el centro. Luna en Sagitario, la emoción que busca horizontes, el alma nómada que necesita explorar. Ascendente en Capricornio, la mÔscara de la estructura, el guardiÔn que se presenta como montaña.

Mercurio en CÔncer, las palabras que nutren como leche materna. Venus y Marte en Leo, el amor y la acción que bailan juntos en el fuego creativo. Júpiter en Aries, la expansión del guerrero, el maestro que conquista enseñando. Quirón en Géminis, la herida del comunicador, el sanador herido que enseña a través de su propia fractura.

Nodo Norte en Aries, el destino del pionero, hacia donde debo caminar. Nodo Sur en Libra, el pasado del diplomÔtico, de donde vengo. Plutón en Escorpio, la transformación profunda, la muerte y renacimiento constante. Neptuno en Capricornio, el sueño que se hace estructura, la mística que construye realidades. Urano y Saturno en Sagitario, la revolución filosófica, el rompimiento de dogmas para crear nuevas verdades.

Ese es el diseño de mi ego. Ese es el mapa astrológico del personaje que ven.

LA SIMBOLOGƍA DEL ORIGEN

Y este personaje nació en un lugar llamado Venado Tuerto. Venado, como el ciervo budista que representa la iluminación, el animal sagrado que en múltiples culturas simboliza la conexión con lo divino, con los mundos sutiles, con la capacidad de moverse entre dimensiones. Tuerto, como Horus que perdió un ojo en la batalla contra Set y cuyo ojo se convirtió en símbolo de protección y visión cósmica. Como Odín que sacrificó un ojo en el pozo de Mimir para beber de la sabiduría infinita.

El venado tuerto. El que ve con un solo ojo pero ve mÔs allÔ, el que perdió la visión dual para ganar la visión total.

NacĆ­ en el centro del granero del mundo, en medio de campos de cereal que alimentan continentes, rodeado de lagunas que forman la Cruz del Sur en la tierra, en la palma de la mano de Santa Fe, Argentina, la tierra plateada, la tierra de plata que brilla con luz lunar.

Todo esto construye un arquetipo. Un símbolo. Una proyección.

LAS PROYECCIONES Y LOS ARQUETIPOS

A partir de todo esto, las personas proyectan ideas, expectativas, juicios. Para algunos soy un comunicador espiritual, un guĆ­a, un maestro. Para otros soy un recordador de la red planetaria, del universo, de las dimensiones. Tal vez para algunos un profeta que trae mensajes del futuro. Para otros un vendehumos que inventa historias para ganar seguidores.

Algunos me ven como un iluminado que ha despertado a verdades cósmicas. Otros como un oscuro que manipula consciencias. Un sabio. Un charlatÔn. Un canal puro. Un ego inflado. Un servidor altruista. Un narcisista espiritual. Un sanador. Un peligro.

Y aquĆ­ estĆ” lo interesante, lo que quiero que entiendan desde el principio de este juego: todo eso, lo malo y lo bueno, es cierto, y a la vez es falso.

EL ENGAƑO Y LA VERDAD DE LA MENTE

Porque en el mundo de la mente, todo lo que vean, oigan, sientan, tiene un fundamento sensorial que en el cerebro se traduce como real a pesar de que no lo sea. La neurociencia nos muestra que el cerebro no distingue entre una experiencia real y una imaginada con suficiente intensidad. Cuando visualizas algo vƭvidamente, las mismas Ɣreas cerebrales se activan como si estuvieras experimentƔndolo fƭsicamente.

La mente construye realidad a partir de fragmentos sensoriales, llenando los vacíos con expectativas, memorias, creencias previas. Lo que ustedes ven de mí no soy yo, es la interpretación que su cerebro hace de los estímulos que recibe, filtrados por sus experiencias, sus traumas, sus deseos, sus miedos. Pero lo que veo de mí mismo pasa por el mismo juicio.

Psicológicamente, esto se conoce como proyección. Carl Jung lo explicó magistralmente: lo que vemos en otros, especialmente lo que nos provoca reacción emocional intensa, es a menudo un reflejo de aspectos no integrados de nosotros mismos. Si me ves como un iluminado, estÔs proyectando tu anhelo de iluminación. Si me ves como un charlatÔn, estÔs proyectando tu miedo a ser engañado o tal vez tu propia sombra de engañar.

La mente nos engaña a la vez que nos informa. Nos da una versión editada de la realidad, no la realidad misma. Y esa versión es tu verdad, según tu percepción. No es mentira para ti, es tu realidad experiencial.

EL ESPEJO SIN JUSTIFICACIƓN

Por eso, yo estoy dispuesto a ser un espejo para todo ello, sin intentar explicarme ni justificarme. Seré oscuridad y luz. En esta alquimia, seré ego y esencia. Lo seré todo. En la sombra y en la iluminación, en lo divino y lo diabólico, seré un vendehumos o un santo, un depravado o un servidor, un narcisista o un altruista, un sabio o un ignorante, un canal limpio o un ego disfrazado.

SerƩ todas las posibilidades que Matƭas puede ser para la gente, porque en el mundo y juego de la mente, estarƩ dispuesto a entrar en la red de la forma que sea. No me idealizarƩ a mƭ mismo, pero tampoco me demonizarƩ. JugarƩ al juego mental de luces y sombras, de dualidades, porque ese es el tablero donde se juega la partida de la consciencia.

Si es necesario, serƩ el veneno para que ustedes creen su medicina. SerƩ el espejo que refleja lo que necesitan ver, no lo que quieren ver.

EL JUEGO DE LOS CƓDIGOS

Porque en el juego de la mente, todo se recibe de la manera que nuestro cerebro estÔ capacitado a recibir. Y por ello, mucho de lo que viviremos juntos en la aventura que viene no serÔ en función de alcanzar explicaciones o fundamentar verdades, sino de generar códigos, de abrir cuestionamientos, de romper expectativas.

Hermes me dijo que debemos jugar al juego de la mente yendo hacia adelante caminando hacia atrÔs, usando el sinsentido del no saber para poder recalibrar el sentido del saber. Como dos ojos tratando de enfocar la profundidad, como dos oídos calibrando el origen del sonido, necesitamos el contraste, la aparente contradicción, el movimiento dialéctico para encontrar equilibrio y perspectiva.

La pregunta entonces es: ĀæEstamos todos dispuestos a ser lo mismo para unos y otros? ĀæA aceptar que somos proyecciones mutuas, espejos que se reflejan infinitamente?

EL TABLERO DEL MENTALISMO

Utilizar el mentalismo como base del tablero del juego de la consciencia hace que nos convirtamos en piezas inevitables de este complejo ajedrez de luz y sombra. Nos lleva a enfrentarnos a nosotros mismos proyectados en los demƔs, y a ser proyecciones de los otros sobre ellos mismos.

Porque aquĆ­ estĆ” la clave que debemos entender antes de continuar: la mente no estĆ” en el cerebro. El cerebro es un procesador, una antena, un receptor de la infinita mente que habita todo. Y todo es uno.

El cerebro tiene aproximadamente 86 mil millones de neuronas, cada una conectada con hasta 10,000 otras neuronas, creando una red de 860 billones de conexiones. Pero esa red no genera consciencia, la procesa. La consciencia, la mente universal, fluye a través del cerebro como la electricidad fluye a través de un circuito. El circuito no crea la electricidad, la conduce, la modula, la transforma en función.

Por ello, en el camino de alquimia que recorreremos juntos, los juegos de la mente, los códigos, las aventuras, las misiones sin sentido aparente, las acciones, cuentos, ideas, proyectos, palabras, músicas y cualquier cosa que suceda, no puede ser vista o analizada desde el sentido inmediato, sino tomada como códigos en un laberinto infinito.

Si tratamos de comprender cada paso desde el inicio, arruinaremos todo el juego. SerĆ­a como tratar de resolver un laberinto mirando solo el siguiente paso, sin ver que el camino que parece equivocado te lleva a la salida por una ruta inesperada.

EL ALQUIMISTA DEL JUEGO

Yo me pongo al servicio de dicho juego alquímico de la mente. Y por ello, a veces me transformaré, haré cosas inesperadas, tal vez desapareceré, tal vez haga cosas que parezcan egoístas, o cosas sin sentido, o actos de altruismo puro, momentos de aparente iluminación, canalizaciones profundas, juegos absurdos, proyectos grandiosos o ridículos.

Todo lo que vean y sigan de este Mati, de este ojo que observa y narra, no traten de entenderlo en el momento, pero sƭ de tomarlo. Tomar nota. Porque muchas de las cosas sin sentido lo tendrƔn en otra fase de la partida, en otro nivel del laberinto infinito.

Una pieza que parece inútil en el tablero ahora puede ser la clave de jaque mate tres movimientos después. Un código que parece absurdo hoy puede ser la llave que abre una puerta meses después.

LAS REGLAS DEL JUEGO

Bienvenidos al juego de la mente. Pero como todo juego, este tiene reglas. Y las iremos revelando a lo largo del camino en los próximos días, semanas, meses. Las reglas no se dan todas al principio porque parte del juego es descubrirlas, es aprender jugando, es caer y levantarse entendiendo por qué caíste.

Primera regla, la que reveló hoy: No intenten entender cada movimiento en el momento. Tomen nota. Observen. Sientan. Pero no juzguen ni concluyan prematuramente.

Segunda regla: Ustedes son jugadores, no espectadores. Lo que hagan con la información, con los códigos, con las historias, es parte del juego. Su reacción, su proyección, su transformación, todo cuenta.

Tercera regla: El tablero es mental, pero el juego es real. Lo que sucede en la mente se manifiesta en la materia. Los códigos que procesamos juntos crean realidad.

Las demƔs reglas se irƔn revelando conforme avancemos. Porque un juego sin misterio es un juego aburrido. Y la mente ama el misterio, se nutre del enigma, crece en la incertidumbre.

LA INVITACIƓN FINAL

Entonces las preguntas que lanzo al universo, a todos los que lean esto, son:

¿EstÔn listos para jugar?

ĀæPueden soltar la necesidad de entender para simplemente experimentar?

ĀæSe atreven a ser espejos sin defenderse de lo que reflejan?

¿Aceptan que yo seré para ustedes lo que necesiten ver, luz u oscuridad, verdad o mentira, medicina o veneno?

¿Pueden caminar hacia adelante mirando hacia atrÔs, usando el no saber como brújula?

Porque esto es lo que haremos. Este es el juego al que los invito. Un juego mental, alquĆ­mico, transformador. Un laberinto donde cada quien encuentra lo que necesita encontrar, no lo que busca.

Yo soy MatĆ­as Gustavo De Stefano Bide. El regalo de Dios que sostiene el poder divino, coronado en el camino. El venado tuerto nacido en el granero del mundo. El que tiene mil rostros porque es el espejo de mil miradas.

Y estoy aquĆ­, dispuesto a ser todas las versiones de mĆ­ que ustedes necesitan que sea, para que en ese reflejo encuentren todas las versiones de ustedes que necesitan integrar.

Bienvenidos al juego de la mente.

La partida ha comenzado.

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